
La basílica de Saint-Denis ( San Dionisio) sobresale como una iglesia fundamental en la historia del arte al significar la primera que se construyó en el estilo gótico. Esta basílica se encuentra en Saint-Denis, un barrio del norte de París. Saint-Denis es el patrón de Francia y según la leyenda el primer obispo de París.
En la basílica de Saint-Denis se enterraron la mayoría de los reyes y reinas franceses desde Dagoberto I (620-639) hasta Luis XVIII (1814-1824), lo que la convierte en una de las muestras de estatuas funerarias más sobresalientes de Europa.
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No es fácil en ocasiones viajar con niños. En París, hay en varios lugares donde un niño se sentirá extraño, se cansará o incluso se aburrirá. Así que debemos buscar los sitios donde ellos se sientan a gusto. Aparte de Disneyland París (ubicado a 33 kilómetros de la capital gala), os recomiendo llevar a los más pequeños de la casa a estos rincones de París pensados por y para ellos:
1º. Galerie des Enfants – Centre Pompidou:
Los niños disfrutarán con imaginativos talleres y exposiciones interactivas que provocarán que los más pequeños aprendan a dibujar y pintar. Está ubicada n la Rue St-Martin, 4e. La entrada vale 8 euros, pero la pena gastar ese dinero.
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Tanto geográficamente como espiritualmente, el corazón de Francia, es la Catedral de Notre-Dame que se alza majestuosa en al Ile de la Cité en París. Después de que el papa Alejandro II colocara la primera piedra en 1163, un auténtico batallón de artesanos trabajó durante 170 años para llevar a cabo el magnífico diseño del obispo Maurice de Sully. Terriblemente saqueada durante la Revolución francesa, esta joya del arte gótico fue reconstruida entre 1841 y 1864 por el arquitecto Viollet-le-Duc.
Se entra por la fachada oeste. Las escaleras de las torres están en el exterior, a la izquierda. La nave central alcanza 35 metros de altura, y 37 capillas se distribuyen en las laterales. Contiene las pinturas de los Mayos de Charles le Brun, donadas por el gremio de los orfebres cada mes de mayo durante los siglos XVII y XVIII. El transepto es el mejor lugar para admirar los rosetones.
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Si uno viaja a París, capital de Francia, debe pasearse por uno de sus barrios más carismáticos, y turísticos el Barrio Latino. Se trata de un barrio donde las calles se llenan de estudiantes al terminar las clases, los cafés abren hasta muy tarde y las librerías universitarias están invadidas por un afanoso bullicio. Desde la fundación de la Soborna en el siglo XIII, el barrio vive del saber y de su transmisión, evidentemente en latín, de ahí, su nombre.
1º. Museo Nacional de la Edad Media, termas y palacete de Cluny:
Desde su parte más antigua, las termas de Lutecia construidas durante los siglos II y III, hasta el altar gótico de los abates de Cluny, una joya de la arquitectura flamígera, en el Museo Cluny se descubren las raíces de París y la riqueza de la Edad Media.
Los objetos expuestos proceden de monumentos parisienses o de los tesoros de la Iglesia: las esculturas evocan nombes prestigiosos: Saint-Chapelle, Notre-Dame y el tapiz de La Dama del Unicornio.
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El cementerio de Père-Lachaise es el más extenso, célebre y prestigioso de los cementerios parisinos y el espacio verde más vasto de la ciudad tras los bosques de Boulogne y Vincennes, al este de la ciudad. Sin duda, es una de las necrópolis más famosas de todo el mundo. Un lugar ideal para pasear, relajarse, disfrutar y captar un magnetismo especial.
Creado, después de los cementerios de Montmartre y Montparnasse, en 2004 celebró su bicentenario. Entre sus huéspedes ilustres se cuentan Jim Morrison, Oscar Wilde, Moliere, Chopin, Apollinaire, Marcel Proust, Modigliani, Nerval, Balzac, Victor Noir, Sarah Bernhardt y Edith Piaf.
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El símbolo más característico de París, la Torre Eiffel, recibió duras críticas cuando se construyó como parte de la Exposición Universal de 1889; sin embargo, con el paso de los años se convirtió en el principal lugar de interés para los turistas. Mide 320 metros de altura y pesa 10.100 toneladas. Además, la torre del ingeniero Gustave Eiffel es tan firme que nunca oscila más de siete centímetros con vientos fuertes.
Si visitamos la Torre Eiffel debemos estar atentos a estos diez puntos:
1º. Mirador:
En días claros, dsede el tercer nivel de la torre (276 metros) se puede llegar a divisar hasta 50 kilómetros. También se puede ver el despacho de Gustave Eiffel.
2º. Entramado de hierro:
El complejo esquema de las vigas, unidas con 2.5 millones y medio de remaches, consigue dar estabilidad a la torre. Las 18.000 piezas de hierro pueden llegar a dilatarse hasta 15 centímetros en los días calurosos.
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