Saltar al contenido

El Barrio de la Boca en Buenos Aires

Feb 5, 2011
Barrio de la Boca en Argentina

Y con el sonido de un tango de fondo recuerdo aquella tarde de abril en el barrio de la Boca, en Buenos Aires. Barrio popular, de tradiciones, al sur de la gran urbe. La Boca fue el primer puerto que tuvo Buenos Aires, el primer soplo de aire fresco venido de otros mares.

Aquí comenzaron a llegar a finales del siglo XX una cantidad ingente de inmigrantes italianos, que nunca más volvieron a salir de la Argentina. Ese carácter abierto le dio a Boca un ritmo alegre, bohemio, lleno de artistas, algo que todavía puede verse en sus calles, en la forma de ser de sus viejos edificios.

Sus pequeñas casitas de madera pronto encendieron la luz de un Buenos Aires querido, el refugio de genoveses, griegos, ingleses, polacos y turcos. Difícilmente se podía encontrar vida más alegre y cultural que en Boca.

Es por ello que en Boca es muy normal ver pequeñas cantinas en donde beber vino, restaurantes italianos, paredes pintadas con graffitis y, cómo no, muchos turistas que vienen a vivir el pasado y el presente de un barrio recoleto y humilde. Sus calles estrechas y adoquinadas recuerdan a las de cualquier barrio en Italia.

Porque aquí quisieron los genoveses hacer su pequeña Italia, con sus viejas terrazas y sus cafés. Con la vista puesta en el magnífico Puente de la Boca o en el impetuoso Estadio de la Bombonera, donde reina Boca Juniors, paseando por la mítica calle Caminito, calle de tango y de casitas de colores, calle de artistas y de ropa colgada en las ventanas.

Y además la Fundación Proa, antiguo puerto porteño que hoy sirve de lugar de exposiciones, o el Museo de Bellas Artes de la Boca, en el que descubrir la magia de los artistas argentinos. Yo me quedo también con los atardeceres de la Vuelta de Rocha, la vieja Plazoleta de los Suspiros en la que los más nostálgicos se reunían para hablar de la madre patria allende los mares.

Boca es el barrio de los recuerdos, el barrio de la pasión, el que se sube a lomos de la nostalgia y bebe de sus propias calles el sentimiento de una ciudad sugerente. Buenos Aires le debe un trozo de su corazón a Boca, y todos lo saben.