Isfahán, una maravilla de Irán

Isfahán, o Esfahán, es la capital de la provincia de Isfahán, y la tercera ciudad más grande Irán. Se encuentra a 340 kilómetros de Teherán, en las exuberantes llanuras de Zayandeh Rud, al pie de la cordillera de Zagros. Isfahan está ubicada en las principales rutas norte-sur y este-oeste que atraviesan Irán.

Isfahán, declarada Patrimonio de la Humanidad por Unesco, contiene varios ejemplos de la arquitectura islámica desde los siglos XI al XIX. Su belleza dio lugar a que Duke Elllington escribiese la canción “Isfahán” en su honor. Curiosamente está hermanada con la ciudad de Barcelona.

Isfahán está situada en un oasis, así que su población puede producir trigo, cebada, arroz, uvas, melones y alfalfa; además de mantener rebaños de ganado, cabras, ovejas y burros. También cuenta con las famosas alfombras de Isfahán, un lujo que merece la pena comprar si se visita esta remota ciudad.

La arquitectura monumental de la ciudad está formada por seis elementos comunes al mundo musulmán tradicional: jardines, plataformas, porches, puertas, cúpulas, cámaras con arcos y minaretes.

Muchos de los grandes edificios que siguen en pie están situados en la plaza de Imán, una extensa zona rectangular que mide 512 metros de largo por 159 de ancho. Destacan la mezquita de Imán, una obra maestra y la mezquita del jeque Lotf Allah. Ambas llaman la atención por sus coloridos azulejos con arabescos, sus cúpulas y su decoración de estilo safávida.

En el extremo norte de la plaza se encuentra la entrada al magnífico bazar, el Dahrvasa-e-Qaysariya, y al oeste se halla la entrada al palacio real, o Ali Quapu. La plaza ha sufrido algunas modificaciones, pero mantiene su estilo de siglo XVI y consigue crear una atmósfera muy especial.

Isfahán vivio su mejor época durante el reinado del sha Abbas el Grande en el siglo XVI. Isfahán poseía tantas riquezas que era conocida entre los persas como “la mitad del mundo”. Esta ciudad contaba con algunos de los parques, bibliotecas, escuelas religiosas, baños públicos y mezquitas más impresionantes del mundo.

Sin duda, un destino singular, atractivo y cargado de belleza e historia. Si se puede, viajar Isfahán cumplirá todas las expectativas. La mejor época para ir allí es durante la primavera y el otoño.

Foto vía Garden Visit

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