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Altos de Chavón, un hito turístico de la República Dominicana

Jun 10, 2015
Altos de Chavón
Altos de Chavón
Altos de Chavón, en la República Dominicana

Altos de Chavón es una pequeña y hermosa ciudad de tipo mediterráneo antiguo erigida  en una altura sobre el río Chavón, en la República Dominicana. Hoy en día es la sede de un Centro Cultural, el Museo Arqueológico nacional y la denominada  Ciudad de los Artistas.

Esta ciudad consta de pequeñas casitas rústicas, construidas con piedras de diferentes colores y ladrillos, imitando estructuras antiguas, rodeadas todas por exuberantes parques y jardines de flores y enredaderas, con sus balcones y puertas de madera y ventanas con verjas de hierro. Incluso posee una capilla y miradores orientados hacia el acantilado.

Se la conoce también como la Ciudad de los Artistas, pues en ella funcionan un Taller de Artes Plásticas y una Escuela de Bellas Artes y Diseño, afiliadas a la Parsons School of Design de Nueva York.

Si en esta última escuela se puede admirar trabajos de serigrafía, pintura, diseño y cerámica, en el Museo Arqueológico se pueden contemplar diversos objetos de la civilizacion taína.

En realidad, Altos de Chavón fue un sueño de Charles G. Bluhdorn, presidente de la multinacional Gulf & Western. Fue en la década de 1960 cuando Blundorn, un admirador de la cultura mediterránea, proyectó construir en este lugar una réplica de un pueblo del siglo XVI que recordara la luz y el color de los pueblos italianos o españoles.

Para ello contrató a Tony Caro, un arquitecto dominican, y Roberto Coppa, un decorador italiano que trabajó en el cine con Dino de Laurentis. Y desde luego, algo hay de decorado cinematográfico en el pueblo que construyeron sobre una pequeña colina a orillas del río Chavón, pero todo se perdona porque la perspectiva que se ofrece la vista del anterior es magnífica y porque el resultado nunca llega a ser artificioso, sino que destila buen gusto.

En definitiva, Altos de Chavón es un recinto hermoso, rodeado de una belleza natural extraordinaria. No hay que dejar de visitarlo. Además del propio pueblo, el olor de sus flores y las bandadas de garcillas blancas sobrevolando los cocoteros convertirán la excursión en una experiencia inolvidable.