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El Monasterio de Valaam, una preciosa joya de Rusia

Abr 5, 2015

Escondido bellamente en las aguas septentrionales del lago Lagonda, entre San Petersbugo (Rusia) y la frontera de Finlandia, el archipiélago de Valaam es todo un  ideal espiritual de aislamiento. Remoto y apacible, el monasterio de Valaam destaca como un remanso de una belleza cegadora bajo el cielo amplio y pálido del norte de Europa.

Se han registrado tan escasos datos de la historia de esta isla que los orígenes del monasterio resultan un misterio. Algunas versiones afiman que se fundó en el siglo X; si bien otras asegunran que tal cosa no sucedió hasta el siglo XV. Sin embargo, la mayoría coincide en que fue fundado por San Sergio de Valaam, que había viajado desde Grecia con su compañero San Germán hasta este archipiélago ruso.

El clima de la región es muy crudo, pero en Valaam hace un poco más de calor que en las orillas de los ríos. Las islas son rocosas y verdes, pues se encuentran cubiertas de bosques de coníferas, y los monjes pudieron cultivar la tierra, y plantaron melones y calabazas.

“Valaam” procede  del finés y significa “tierra alta”; y desde los acantilados por encima del agua maravillosamente azul, el monasterio da la impresión de ponerse a volar en cualquier momento. Las paredes de color rosa terracota dan paso a unas pequeñas torres blancas y a unas cúpulas de color azul claro con chapiteles dorados que se levantan hacia el cielo. Los pinos rodean sus lindes y tiñen los edificios de un  singular color verde oscuro.

En su interior, las salas son bastante austeras. Los monjes, que llevan sotanas negras y sombreros altos con largos velos, se despiertan a las tres y media de la mañana y cumplen una estricta rutina de oración y trabajos manuales.

Por último, con un sentido parecido de la disciplina, el canto znammeni, por el que son famosos  estos monjes, tiene una intrincada melodía que va ascendiendo como un zumbido parecido a un canto fúnebre. Los cánticos comunes, como “Oh, brillante luz de Valaam”, suelen referirse a la cualidad etéres de la luz que invade las islas.