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Las Ruinas de Cartago en Túnez

Mar 1, 2011

De pequeño me encantaba leer las historias de aquel temible general cartaginés que, a lomos de sus elefantes, a punto estuvo de echar por tierra la hegemonía de Roma. El gran Aníbal fue uno de los hijos predilectos de Cartago. Hoy, aquella ciudad que a punto estuvo de regentar el poder del mundo, duerme plácidamente el legado de los siglos en forma de ruinas.

Las ruinas de la vieja Cartago podéis verlas a unos veinte kilómetros de Túnez capital. Hoy son Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, más bien por el sepulcral y mágico silencio que brota a su alrededor. La ciudad que se abre frente a nosotros fue fundada por los fenicios en el siglo XIII a.C, viviendo hasta el año 146 a.C, cuando Cartago fue destruida por el Imperio Romano.

Sin embargo, los romanos construyeron sobre ella la ciudad de Julia Cartago, hasta que los musulmanes, en el año 705, pasaran por ella dejando un rastro de sangre y destrucción a su paso. Hoy, si la visitamos, nos quedaremos sumamente prendados con las ruinas fenicias y romanas que cubren su extensión.

No sé a vosotros, pero a mí cualquier tipo de ruinas siempre me deja un poso de nostalgia en el alma. Contemplando las de Cartago supe que estaba frente a frente a uno de los enclaves más sustanciales de la historia antigua. El Palacio de Ben Alí o el Santuario de Tanit, así como las Termas de Antonino o el Anfiteatro del Jem… Difícilmente se puede encontrar un espíritu más errante que en Cartago.

Os aviso que las ruinas están bastante diseminadas, por lo que si queréis verlas en su extensión, tendréis que andar bastante. Otro consejo, es mejor salir pronto de vuestros hoteles en Túnez e ir bien tempranito, para evitar las colas y demás. Sé que a muchos eso de ver ruinas no os llamará mucho la atención. No es la primera vez que oigo o leo el relato de algunos turistas decepcionados ante lo que esperaban de Cartago.

Sin embargo, el entorno y la sensación de poder estar en uno de los rincones con más historia de la tierra lo suplen todo. Las hermosas vistas a la Bahía de Cartago son el complemento perfecto de estas ruinas. Si os quedáis sin visitarlas, después de haber ido a Túnez, volveréis con un leve vacío que no podréis llenar jamás.