La Meca, un icono del Islam

La Meca

La Meca, una cuidad bulliciosa y cosmopolita de Arabia Saudí, a primera vista da la impresión de ser una urbe moderna, normal y urbana. Pero esta impresión es engañosa ya que La Meca no tiene parangón en la Tierra.

Es el lugar donde nació el Islam, y aquellos que son de otras confesiones religiosas no pueden traspasar sus fronteras, en las que se incluyen la propia ciudad y varios emplazamientos que se encuentran en el árido valle que la rodea.

En el corazón de La Meca se halla la gran mezquita de Haram, que alberga el antiguio santuario de Kaaba, un edificio rectangular que contiene la Piedra Negra sagrada, que posiblmente es un meteorito. Para 1.000 millones de musulmanes, éste es el lugar más sagrado del mundo.

Un deber imprescindible de todo musulmán es rezar cinco veces al día mirando hacia La Meca. Otro es realizar el Hajj, o peregrinación a la ciudad, al menos una vez en la vida, si tienen la posibilidad de hacerlo. La peregrinación tiene lugar en el du-l-hiyya, el 12º mes del calendario lunar islámico, cuando millones de musulmanes llegan hasta aquí desde todas partes del mundo.

El Hajj es un importante acto de renovación espiritual. Implica visitar no solo la Kaaba, sino también otros lugares sagrados en el valle a lo largo de varios días. Empieza justo a las afueras de la ciudad, en la Miqat, o “entrada” donde los peregrinos siguen los ritos de bañarse, ponerse túnicas especiales de un color blanco impoluto, rezar a Alá y dedicarse al Hajj.

Luego, van a la mezquita de Haram para el tawaf, el ritual de dar siete vueltas a la Kaaba, que se encuentra en el vasto patio asimétricos con columnatas de la mezquita.

Durante los días siguientes los peregrinos tienen que hacer siete veces el recorrido entre los montes sagrados de La Meca, rezar a Alá de pie al aire libre bajo el calor del valle de Arafat, ir hasta la llanura de Mina y lanzar piedras a las tres columnas que simbolizan a Satanás, dormir bajo las estrellas en la llanura de Muzdalifa y realizar un sacrificio ritual.

Después de otro tawaf en la mezquita de Haram, vuelven a Mina y luego, para terminar, regresan a la ciudad para dar una vuelta más alrededor de la Kaaba. Así, un peregrino puede abandonar La Meca, pero La Meca nunca abandona al peregrino.

Foto vía Cuaderno del Campo