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El Museo Nacional del 11 de Septiembre casi llega a un millón de visitantes desde mayo

Sep 15, 2014

The Obamas, Bloomberg and the Clintons visit the National September 11 Memorial Museum in New York

Ubicado a 20 metros bajo tierra y rodeado de paredes de hormigón, el Museo Nacional del 11 de Septiembre podría ser uno de los más oscuros del mundo. Este museo de Nueva York rinde tributo a las víctimas de los atentados terroristas de 2001.

Desde su inauguración, el pasado mes de mayo, el museo ha atraído  a más de 900.000 visitantes y se espera que haya llegado al millón cuando termine este mes de septiembre.

Con motivo del aniversario del 11S, se acaba de presentar  una exposición que documenta los años de persecución de Osama bin Laden, el abatido líder de Al Qaeda que planeó los ataques de Nueva York. La muestra enseña una camiseta que vistió uno de los miembros del equipo 6 de las Fuerzas de Operaciones Especiales de la Marina que en 2011 asesinó  a Bin Laden en Pakistán.

En este museo, existe una instalación artística que presenta 2.983 trozos de papel colgando de una de las paredes del museo. Cada pedazo, pintado en un tono diferente de azul, representa a una víctima de este atentado. Esta obra del artista Spencer Finch tiene por título: “Tratando de recordar el color del cielo aquella mañana de septiembre”.

Además, en una sala se proyectan en un vídeo retratos de las víctimas. Por todas partes se pueden ver  fotos de las caras de los fallecidos. En algunas están riendo, como si fuesen imágenes tomadas durante unas vacaciones, en tanto que en otras, tomadas para documentos oficiales, aparecen serios. Esta diversidad es la que provoca que la exposición sea tan humana y tangible.

A pesar del interés del público por el monumento, que atrae a visitantes de todo el mundo, el museo ha suscitado críticas incluso antes de su inauguración. Poco antes de su puesta en marcha, las críticas apareciron por los restos nunca identificados de 1.115 víctimas, que fueron colocados en un espacio bajo el edificio, provocando las protestas de muchos familiares, que lo consideraron una afrenta.

Por último, se criticaron los 24 dólares que cuesta la entrada y la  venta de recuerdos en su tienda de libros, como corbatas, carteras, sombreros o paraguas con un símbolo del 11-S.