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El Monasterio de Santa Catalina, una sorpresa egipcia

Sep 10, 2012

El  Monasterio de Santa Catalina está situado en la boca de un cañón de complicado acceso a los pies del Monte Sinaí (Egipto), a unos 3,5 kilómetros del pueblo  de al-Milga. Se alza donde la tradición supone que Moisés vio la zarza que ardía sin consumirse. Se trata de  uno de los monasterios más antiguos que continúan habitados actualmente.  Pertenece a la Iglesia ortodoxa autónoma de Monte Sinaí, dependiente de la Iglesia ortodoxa de Jerusalén.

Sede de una de las iglesias cristianas más antiguas que se conservan, el monasterio de Santa Catalina ha sido lugar de peregrinación desde el siglo IV, cuando la emperatriz Elena mandó erigir  una pequeña capilla junto al lugar donde se cree que crecía la zarza que ardía sin consumirse desde que Dios dialogó a Moisés, para luego  fundar una orden monástica.

En el siglo VI, el emperador Justiniano ordenó erigir  una fortaleza con una basílica y un monasterio, además de la capilla original, con la finalidad  de que sirviera de hogar para los monjes de Santa Catalina y de refugio de los cristianos del sur del Sinaí. Desde entonces ha sido visitado por peregrinos cristianos procedentes de todo el planeta.

Una amplia  parte del monasterio se encuentra cerrado al público. Sin embargo, los visitantes pueden acceder a la iglesia de Santa Catalina, del siglo VI, un formidable ejemplo de arquitectura eclesiástica griega. En lo alto del ábside, por encima del altar, se halla el tesoro artístico más sorprendente del monasterio: un mosaico de Cristo del siglo VI.

Por otra parte, la capilla de la zarza que ardía sin consumirse es una sala ubicada a la izquierda del altar, mas no se puede entrar en ella. No obstante, los visitantes pueden contemplar lo que se considera como un descendiente de la zarza original junto a uno de los muros del recinto del monasterio que, según los monjes, fue transplantada allí desde la capilla vecina en el siglo X. Detrás de una reja, que impide que los fieles le arranquen las hojas, continúa regenerándose desde hace cientos de años.

Junto a ella se encuentra el pozo de Moisés, una fuente  natural que, según la leyenda, asegura la felicidad conyugal a quienes beben de ella. Sobre el pozo se halla el Museo que contiene tesoros artísticos del monasterio.

Foto vía Sobre Egipto