Manila, turismo en la capital de Filipinas

No sé en realidad qué me llevó a Filipinas. No recuerdo bien si sería hacer escala para un viaje a Bali, Australia o Japón, o tal vez, lo más seguro, la pérdida de algún vuelo o el retraso de esas compañías transoceánicas que te pueden dejar tirado fácilmente dos días en un aeropuerto desconocido. Lo que sí sé es que, en cuanto pudimos, escapamos de allí y pusimos rumbo a Manila. Como mal, el menor siempre.

Pero Manila no es ningún mal, en absoluto. Es de esas típicas ciudades que odias o amas por siempre. Tremendamente atestada de gente, coches, motos, bicicletas, coches de caballos por doquier en su parte antigua, y enormes edificios y avenidas ajardinadas en la zona de negocios. ¿Contrastes?. Muchísimos, la gente rica y la gente pobre, las casas destartaladas junto a las grandes empresas, el señor de gafas, maletín y enchaquetado, junto a la vieja señora que pide por las calles.

La huella hispana aún hoy es muy profunda en Manila. Sus grandes monumentos, la mayoría de ellos, fueron construidos durante la época colonial. Iglesias, conventos, galerías de arte… Pero claro, el colonialismo se mezcla aquí, para darle mayor sabor al contraste, con uno de los barrios chinos más grandes del mundo. Imaginaros el sabor colonial impregnado de un toque oriental. Exquisito para los sentidos.

De esa vieja Manila colonial, la que se halla intramuros, hay que destacar la Catedral y la Iglesia de San Agustín, ambas construidas en el siglo XVI, además de una serie de galerías y museos que recogen los restos de aquella época de esplendor, como la Casa Manila o el Museo San Agustín. Un placer pasear por las callejuelas de este centro histórico. En ocasiones podías imaginar perfectamente la vieja urbe de cuatro siglos atrás.

Fuera de los límites de las antiguas murallas se abre otra Manila, más moderna, más verde. Color que pone el Parque Rizal, en honor a José Rizal, el héroe nacional. Curiosa la estampa de los soldados que custodian el monumento a Rizal las 24 horas del día, los siete días de la semana.

Más allá del parque contemplamos la hermosa silueta de la Bahía de Manila, especialmente cuando el sol languidece y desciende lentamente hasta bañarse en el mar. Esta es la zona más animada de la ciudad. Turistas y lugareños frecuentan sus bares, restaurantes y salas de fiesta. Después de todo un día recorriendo calles, plazas, parques y museos, es el mejor lugar para descansar y disfrutar de la vida nocturna.

Desde la bahía vas oyendo cómo Manila lentamente cae en el profundo sueño de las ciudades costeras. Más allá de sus muros, en el rincón de cada casa, esperan un nuevo amanecer que nos lleve nuevamente a perdernos en el encanto de una ciudad exótica y colonial, diferente, bulliciosa…

Foto Vía Out Of Town Blog

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