El santuario del imán Reza, un icono de Irán

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El santuario del imán Reza se alza como una opulenta joya en el corazón del Haram-we-Razavi, una red de recintos sagrados islámicos de Mashad (Irán). Las cúpulas de azul celeste, los minaretes dorados y las fuentes del patio recrean el jardín del Paraíso.

Cuando se extienden las sombras y cae la noche, el adhan, la llamada musulmana a la oración, resuena en el aire nocturno y proclama la grande de Dios. Una multitud respetuosa se dirige allí a orar. Algunas mujeres descalzas se paran para cubrirse con chadores de delicados patrones antes de entrar.

Construido inicialmente en el siglo IX y reconstruido varias veces desde entonces, el santuario del imán Reza contiene los restos de los ocho imanes del islam chiíta. Hasta veinte millones de peregrinos acuden al lugar cada año.

Para los musulmanes chiítas, los primeros doce imanes eran infalibles, seres humanos perfectos que daban ejemplo espiritual a los demás. El imán Reza estaba considerado como un hombre de una sapienciafuera de lo común y de una integrida extraordinaria. Después de que lo eligieran para que asumiera el cargo de califa, un rival celoso lo envenenó en el año 818. Este lugar en el que se encuentra su tumba lleva más de mil años siendo un destino sagrado para los peregrinos.

Hay siete patios conectados con las zonas interiores de la mezquita a través de vestíbulos externos que se suelen calificar de “santuarios ” inmensos y significativos. Dan a veintiuna salas internas que rodena la cámara funeraria.

A medida que uno se acerca al centro del santuario, los patrones geométricos de las paredes van volviéndose cada vez más intrincados. Los azulejos de los mosaicos revelan patrones dentro de otros patrones, y culminan con el esplendor de la cámara central, con su filigrana dorada, el calado y el elegante mármol.

La parte exterior de la cúpula que está encima de la tumba está cubierta de placas de oro. Justo debajo se encuentra el zarih, una jaula dorada con celosía que envuelve la tumba del imán Reza.

Llegar hasta el zarih es el culmen de esta peregrinación islámica, y los files se arremolinan alrededor para tocar y besar la parte exterior como muestra de respeto por los ocho de los doce imanes de islam chiíta.

Foto vía Globedia