Saltar al contenido

Delhi, magia de contrastes en la India

Mar 5, 2011

Delhi duerme el devenir de los siglos a orillas del río Yamuna. La capital de la India es una explosión atropellada y constante de sensaciones, un estallido de contrastes entre lo antiguo y lo moderno, lo tradicional y lo innovador. Templos, santuarios y fuertes se meclan en el bullicio de turistas y lugareños, un tráfico cáotico y cláxones por doquier.

La Delhi moderna, de largas avenidas, edificios oficiales y amplios jardines es la que se pierde más allá de Connugh Place y la avenida Rampath. Aquí predominan los grandes bulevares, las mansiones y los parques. Aunque el horizonte de la Jampath nos ofrece la majestuosa Puerta de la India, erigida en honor de los soldados indios que murieron durante la Primera Guerra Mundial.

Desde aquí el recorrido por la ciudad nos puede llevar hasta la Tumba de Safdar Jung, un precioso mausoleo, o los Jardines de Lodi, en los que se halla la tumba del propio Lodi, unos bellísimos jardines y algunas mezquitas.

Uno de los monumentos más significativos de la ciudad es la Tumba de Humayum, construida en honor del emperador mogol del mismo nombre. Fue erigida por su esposa, Haji Begum, un mausoleo enormemente romántico, con una cúpula que es toda una obra de arte.

En los límites que separan la ciudad nueva de Delhi y la Vieja Delhi tenemos la Firozabad, la antigua ciudad del sultán Tughlak, y en la que se puede ver el Mausoleo a Gandhi, un rincón siempre lleno de flores y con cientos de devotos. Aquí fue incinerado Gandhi el 31 de enero de 1948.

Dos kilómetros más allá de la nueva Delhi nos encontramos con la parte antigua, la más tradicional y turística, la de los callejones y los contrastes, la de las chabolas junto a los palacios y el tráfico intenso. Pero la Vieja Delhi también nos descubre tremendos encantos como la Jami Masjid, la mezquita más grande de la India, los mercadillos y, en especial, el Fuerte Rojo, conocido así por el peculiar color de su piedra.

El atardecer de Delhi hay que buscarlo a unos kilómetros de la ciudad, junto al Minarete de Qutub, del siglo XIII. No es lo más antiguo del lugar, ya que junto a él hay un viejo pilar del siglo IV. También veréis aquí el Templo de Vishnu o la Puerta de Alai Darwaza, y en especial la Mezquita de Quwat-ul-Islam. Como veis toda esta zona está llena de enormes monumentos y restos de todo tipo.

Delhi es una ciudad un tanto caótica para algunos, demasiado agobiante, pero mágica y sensual para otros. Un hito cultural que jamás se evapora, sino que bulle en los resquicios de sus mercadillos, en el sabor a incienso de sus templos y en la sonrisa de sus lugareños. Imposible resistirse a la tentación de Delhi.

Foto Vía Travel Webshots