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A Tombuctú en barco de vapor

Abr 8, 2012

Es posible que la legendaria “ciudad del oro”, Tombuctú, no esté ya a la altura de su reputación, pero el viaje en río hasta allí atraviesa la República de Malí, el puso que late con fuerza en Africa del Oeste. El río Níger es la arteria principal de vida del corazón de Africa del Oeste y, además, es la sección navegable desde Koulikoro corriente abajo y hacia el este a Tombuctú.

El alojamiento de los barcos de vapor para navegar por el río Níger varía, desde el lujo con aire acondicionado y camas, hasta la cuarta clase en cuya zona hace mucho calor y hay mucha suciedad, aunque más vida, pues comparte la cubierta con el cargamento. La comida está incluida salvo para la cuarta clase.

Ségou  es la primera ciudad de proporciones considerables a la que se llega si se sigue corriendo abajo hacia Tombuctú. Se trata de un localidad próspera con un mercado africano que conserva su belleza y vende muestras de cerámica bambara, alfombras y mantas.

La siguiente parada es Motpi. Lo más importante de este pequeño pueblo es que el país de Dogón se halla a un día en los acantilados de Bandigara. Debido a las tradiciones de los dogones, Motpi se ha convertido en el el primer destino turístico de Malí.

El Gran Mercado se encuenta en el casco histórico de la villa a unas dieza manzanas del puerto. Además, hay que visitar su mezquita.Luego, se llega a Djenné en la que destacan su elegante mezquita y su gran mercado central.

Finalmente, Tombuctú se encuentra a 11 kilómetros al norte de Níger y supone el fin del trayecto. El tiempo no ha tratado bien a la ciudad, con sus casas bajas y de ladrillo de lodo gris que se alinean en calles estrechas y arenosas. Pero en los callejones se hallan los fantasmas de un tiempo en que la ciudad era un centro importante del Islam.

En Tombuctú hay muchas mezquitas y algunas casas de piedra caliza exquisitas,  que recuerdan a la arquitectura de los templos egipcios, construidas por ricos mercaderes árabes del siglo XVI. No obstante, la mayoría de los grandes monumentos de un pasado más que orgulloso se han ido con los montones de arena del Sahara, pero la magia de su nombre y su pasado todavía le dan vida a la ciudad un ambiente único.

Foto vía ArquitecturaS