El Ferrocarril Transiberiano

No sólo los aficionados al tren conocen el Ferrocarril Transiberiano, el viaje en tren más largo del mundo que une el mar Báltico con el Océano Pacífico. El viaje es un clásico mundial y ofrece literalmente una oportunidad única para apreciar la inmensidad del paisaje ruso, y el indomable carácter de su gente.

Recorre el corazón de Rusia, marcando la ruta de la gente rusa hacia el este en los siglos XVI y XVII, un corredor de oportunidad y exploración a través de las tierras del Volga central, las montañas de los Urales al sur, entre la taiga y las montañas del sur de Siberia, hasta llegar al océano Pacífico en Vladivostok.

Con los comunistas (1917-1991), la ruta ferroviaria se cambió para que funcionará saliendo desde Moscú, pero el verdadero punto de partida es San Petersburgo. Si partimos desde la capital rusa el viaje dura siete noches y ochos días. Además, hay varios trenes a destinos intermedios y trenes a Ulán Bator (Mongolia) y Pekín (China). Desde Moscú a Vladivostok hay 9.927 kilómetros.

Una vez que el tren abandona Moscú sólo se detiene para cambiar las locomotoras, embarcar comida y agua, o dejar subir o bajar pasajeros. Bajarse del tren en estas paradas no es problema. Uno puede estirar las piernas, probar la comida local o intentar hablar con los rusos. La duración de las paradas oscila entre cinco minutos y más de media hora.

Hay unos 20 vagones, más el vagón restaurante, en todos los trenes transiberianos, aunque son básicos, resultan cómodos, con literas y ropa de cama, aunque los que van en segunda clase en cabinas de cuatro personas se sienten un poco apretados; en primera clase hay dos literas.

Es probable que tenga que esperar su turno para entrar en los dos cuartos de baño, en especial, por la mañana temprano. Al final de cada vagón hay una caldera llamada samovar que proporcinoa agua hervida en abundancia las 24 horas del día. A veces la comida del restaurante deja mucho que desear, ya que tiene bastant poco sabor, pero no es demasiado cara.

En definitiva, una experiencia única y digna de ser vivida pues nunca olvidaremos nuestro viaje en el Transiberiano recorriendo la inmensidad rusa.